¿Qué he hecho en este mes? Reencontrarme con la ciudad, con mis amigos y disfrutar de la oferta cultural que se vive en mi ciudad bella que cada día mejora un poco más. No será Nueva York, no será el DF pero tenemos una riqueza tan grande, tan intensa, que cada vez me siento más cómoda y más contenta en mi tierra o debería decir, en mi mar, en mi agua porque esta ciudad es pura humedad, pura brisa, puros peces volando, como yo.
Empecé a trabajar en Runa, a concluir cosas pendientes ahí y retomar lo avanzado. Fue motivo para entrevistar a Inti sobre su cambio de nombre. Reinicié el gimnasio, estoy haciendo spinning y cardio.
Fui al cine a ver Django de Tarantino que me gustó mucho, fue terrible realmente la esclavitud que sufrieron los afrodescendientes y es claro en esa película que toda la riqueza norteamericana se consolidó sobre la base de la muerte, la explotación y el sufrimiento de un pueblo, que aún hoy sigue pagando esa brecha. Realmente hay una gran deuda simbólica y real con ellos, al igual que aquí en el Perú la hay también con los afrodescendientes, pero en nuestro caso mucho mayor deuda con los indígenas. También fui a ver Amour de Michael Haneke que me parece una gran obra pero que por alguna razón no logró conmoverme, quizá por la distancia y la frialdad con que los franceses se tratan en momentos tan cruciales de su vida. Por invitación a mi mamá vimos Sonny Boy de Maria Peters, que trata el tema del holocausto, un tema también terrible, pero en este caso se enfocaba en una mujer rebelde y un hombre negro, así que se juntaban todavía mayores discriminaciones.
Participé en el Segundo Coloquio Internacional de Escrituras Sáficas con una ponencia sobre Doris Moromisato (Perú) y Silvia Tomasa Rivera (México), lo iba a hacer a través de una videoconferencia pero no se logró la conexión y leyeron la ponencia por mí allá en México.
Pude ver a nuestro excelso director de orquesta Abraham Padilla en acción con la Orquesta Sinfónica Nacional, en un bello homenaje al compositor peruano Armando Guevara Ochoa (recientemente fallecido), con el ensamble de piedras creado por Abraham y ejecutado por los músicos de la banda de la Fuerza Aérea del Perú, mezclado a la música clásica y al ritmo peruano, fue simplemente maravilloso. Aunque esto ya lo saben por mi nota sobre el evento.
Asistí a un curso de cocina natural en Campos de Vida, que estuvo fabuloso, prepararon Tiradito con alcachofa, Ceviche de chocho con verduras crujientes, Ceviche de champiñones al olivo, Aspic de tomate y vegetales. Todo muy rico. También asistí a la conferencia del Dr. Nimer sobre la energía. Y en resumen dijo que el 80% nos llega a través de los alimentos, el otro 20% es nuestra actitud: alegría, tranquilidad, pensamiento positivo.
He visitado a mi familia, a mi abuelita, a mi papá y mis hermanos. Estuve en el cumpleaños de la nieta de mi tío Peruco, Viana; vi a mi tía Teresa que me leyó las cartas; a mis tíos Roberto y Blanca (en la foto) que vinieron a almorzar en casa con mi tía Mercedes. También me he encontrado con mi amiga Melina que ahora está en Lima, nos juntamos a hablar de su guión de cine. Me reuní con Lunia para hablar de su estancia en Nueva Orleans y con José Carlos para hacer un intercambio de libros. Estuve en el cumpleaños de mi amigo Gustavo, donde también vi a Gaby y a Jesús, a Dafne y a Diana. Con Rodo y Virginia pasamos una linda noche de jazz en la Plaza Francia, un proyecto de la Municipalidad de Lima para democratizar la cultura, así que luego de oír música gratis y al amparo del viento veraniego, nos fuimos al Munich al que no iba hace tiempo y luego al Olvídate Bar, de una amiga de Virginia, también sanmarquina, donde comimos riquísimos quesos andinos y tomamos chilcanitos exóticos, en un ambiente acogedor y con música insuperable. Me encantó estar en el centro, verlo recuperado, cada día mejor, cada día más propio, más amable. Sin duda, el corazón de Lima sigue latiendo entre el Jirón de la Unión, la Plaza San Martín y alrededores. También me encontré con Luz y de casualidad en esa salida nos topamos con Claudia Peralta, así que se hizo una velada muy bonita y muy larga que no esperábamos.
A Tabata la vi el 8 de marzo, recordando nuestros días de infancia en Canto a la Vida en el Campo de Marte. Estuvimos en la marcha por el NO es NO y conversamos a gusto, rodeadas de mujeres fuertes, luchadoras, inspiradoras. Participé en el Homenaje a las poetas Carmen Ollé y a Rosina Valcárcel en el Centro Cultural de España invitada por Yolanda Prada. Fue un homenaje conmovedor y fue interesante estar cerca de ellas, oírlas, compartir a su lado. Fue además oportunidad para ver a Yolanda Westphalen con quien conversamos de literatura, una charla muy estimulante, quedamos en seguir en comunicación. También fue ocasión para conocer a escritoras peruanas como Karina Pacheco, Yeniva Fernández y Melissa Ghezzi. Con las dos primeras nos juntamos a tomar un café y se nos unió Alina Gadea. Me ha emocionado mucho la posibilidad de departir y aprender de excelentes escritoras contemporáneas de mi país y más aún poder trabar una amistad.
De manera virtual he seguido comunicada con Gaby, con Cynthia, con Oli, con las que hablo al skype y con todas mis demás amigas con las que me escribo por correo, al ritmo en que me responden. Con mi tío Pepe y mi mamá hemos inaugurado los domingos de tren, así que jugamos dominó cubano al atardecer.
Finalmente ayer fui a ver la obra de teatro Confesiones de Ana Correa en Yuyachkani y me fascinó, la propuesta de conectar la vida y el arte, hacerlos dialogar de una manera sensible y comprometida, fue realmente muy bonito. Y para mayor satisfacción me encontré con una compañera de la universidad que me saludó con mucho cariño y me contó que me lee mucho, lo cual es siempre un halago y un incentivo para seguir, a pesar de las dudas, las dificultades y el desaliento que a veces me persigue.
Leí el libro de memorias de Dedé Mirabal, Vivas en su jardín, sobre la vida de sus hermanas, que me encantó y del que saqué una nota. Siguiendo con ese tema empecé a leer In the Time of Butterflies de Julia Álvarez pero se vio interrumpido por el libro de Hernando Carpio Montoya, regalado por José Carlos, En el horizonte, que es una historia novelada de la vida de nuestro mayor y más excelso héroe de la república, Miguel Grau. Me gustó mucho, me dio cólera recordar las injusticias de la guerra del pacífico, pero también emoción saber más de uno de los caballeros más íntegros que ha tenido nuestra patria, que como a la mayoría de las personas con convicciones y honor, mandó al matadero. Lecciones que debemos aprender si queremos que las cosas cambien en este país.
Así que estoy contenta, con el corazón cargado para entregarle a esta ciudad lo mejor de mí mañana en un proceso electoral de dudosa reputación pero del que esperemos salir fortalecidos.
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sábado, 16 de marzo de 2013
domingo, 19 de septiembre de 2010
Mi nuevo hogar

El jueves me levanté temprano y fui a montar bicicleta. Me iba a acompañar Marguerite pero no pudo porque tenía que mover su auto. Lo que sucede es que los edificios de Nueva York, sobre todo los más antiguos, entre los que se encuentran aquellos frente al Central Park, no tienen estacionamiento, porque se hicieron alrededor de 1920 y por tanto, en esa época no se consideró necesario. Así que conseguir dónde aparcar es un problema, no sólo para quienes pasan por ahí, sino para quienes viven por ahí. Me fui yo sola por tanto. Volví, me bañé, desayuné y me fui a la universidad. Pasé por el banco y de ahí fui a la biblioteca a mi curso sobre cómo conseguir material para el aprendizaje de idiomas, muy interesante, nos enseñaron a ubicar diccionarios, enciclopedias, textos de gramática sobre idiomas que no fueran el inglés. Luego pasé a saludar a Odi y le entregué los libros que le mandaron de Arequipa. De ahí almorcé en la biblioteca mis pimientos que me había llevado, encontré ahí a Chacko, un chico hindú que conocí en la fiesta de graduados la semana anterior. Así que almorzamos juntos, comprendiéndonos a medias, al menos yo creo que todavía no me logro expresar suficientemente bien en inglés, sobre todo cuando surgen temas políticos, culturales o ideológicos como mi feminismo (se asustó pero creo que luego superó que yo fuera feminista). Luego pasé a ver a Mariela que me pasó varios tips sobre las compras que necesito hacer antes del invierno, que esperemos tarde mucho en llegar. Estuve otro rato en la biblioteca, con ganas de tomar un cafecito pero nadie me respondía el celular. Al salir para la reunión de orientación de la maestría había caído una lluvia fuerte que yo ni sentí, felizmente. La reunión estuvo bien, estaban los de primer y segundo año, todos se presentaron. Vimos algunas cosas generales, entre ellas que hay una revista virtual que hacen los alumnos de la maestría que yo no conocía, eso fue interesante. Al acabar salimos volando a la recepción de la biblioteca, todavía había comida y vino. Estuvimos ahí y empezamos a ver cómo lo que sobraba lo tiraban a la basura, ¡a la basura! Así que como yo tenía mis tapers nos llevamos algunas cosas, pero pues ya sé que la próxima hay que ir con taper en mano. Las mismas personas de ahí nos dijeron que nos llevemos lo que quisiéramos, yo traje un poco de humus, pero luego me arrepentí de no traer aceitunitas y tomatitos. Pero así uno aprende.
El viernes después de correr por el central park, la ruta chiquita, me fui temprano al centro de salud, ahora sí me pusieron la vacuna. No pude mandar mi postal porque el local que encontré era para libros y no tenían estampillas, ¡plop! Regresé a casa, cociné coliflor saltada, almorcé y me fui al centro de salud de NYU para dejar mi constancia de la vacuna. Ya con eso no les debe nada más, a ese respecto. Habían varias personas vendiendo libros en la calle así que eché un ojo, encontré cosas interesantes, así como souvenirs, pero no compré nada (me contuve). De ahí fui a mi check-in obligatorio, me enteré de la normativa de ser estudiante internacional y sobre todo el proceso para viajar, lo cual es muy importante. Regresé a casa a trabajar en la compu y hacer las compras de la semana. Me enteré entonces de que había un festival de cine latinoamericano aquí, del que yo no sabía nada de nada, pero ese día pasaban una película de cuatro horas, así que me desanimé porque Elvira no iría. Pero me llamó Melina para invitarme a ir al día siguiente.
El sábado me levanté y fui a dar una vuelta al central park, se me ocurrió correr la ruta grande y terminé muerta. Pero aproveché para tomas algunas fotos que ya subí al facebook y que seguiré alimentado. De ahí desayuné y salí para el Lincoln Center. Es un lugar maravilloso donde funciona la escuela de música Julliard, la ópera, el ballet, el cine y muchas otras cosas más (en la foto). Pero a mí lo que me maravilló fue el cine, con ciclos buenísimos que me quedan sólo a ¡cinco cuadras! Así que inmediatamente lo adopté como segundo hogar. Melina llegó tarde así que no pudimos conversar mucho pero los cortos argentinos estuvieron buenísimos, era de extrañar una actitud inucitadamente crítica de los argentinos respecto de su "argentinismo". El encuentro con Melina que es mi amiga del cole también estuvo muy bien, vivimos cerca, tenemos intereses comunes y pues si bien no éramos muy cercanas en el cole, ya con el tiempo uno valora mucho más a las personas con las que ha crecido y creo que aprende a crear lazos más durareros. Eso espero ocurra en este caso. Me fui a almorzar a casa, me hice un rico salmón ahumado delicioso. Volví a la función de las 5pm a ver una película mexicana llamada El calambre. Es de la misma onda que Los muertos de Lisandro Alonso, pero en este caso ocurría en Oaxaca, en Chahuaca, un lugar bellísimo. Me regresé a casa a trabajar un poquito y comer algo y volví a la noche para encontrarme con Mariela y ver la última función. Es que Melina me dejó su pase gratuito (y doble) para el resto del festival y ese era el último día y tenía que aprovecharlo. Le había pasado la voz a Elvira, a Ximena y a Juan Manuel para la función de la tarde pero no pudieron y por eso fui solita no más. La película 108 Cuchillo de palo, paraguaya, fue excelente, me parece que es mejor calificada como documental pero realmente me gustó muchísimo (ya la comentaré aparte en una columna). Al acabar nos fuimos con Mariela a tomar una cervecita y conversar y de ahí llegué a casa agotada y me metí a la cama, pero feliz por la sobredosis de cine y por haber encontrado ese lugar maravilloso. En el cine yo siempre me siento como en casa. Sin embargo, a ver si me hago socia o algo porque las entradas cuestan US$ 9.00 para estudiantes, ¡plop! Habían sido demasiadas emociones para un día, tenía ganas de hacer pausa para poder procesar todo lo visto y vivido, pero pues eso no es posible, sin embargo lo que sí hice fue descansar.
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