Que me disculpe la coincidencia por llamarla necesidad.
Que me disculpe la necesidad, si a pesar de ello me equivoco.
Que no se enoje la felicidad por considerarla mía.
Que me olviden los muertos que apenas si brillan en la memoria.
Que me disculpe el tiempo por el mucho mundo pasado por alto a cada segundo.
Que me disculpe mi viejo amor por considerar al nuevo el primero.
Perdonadme, guerras lejanas, por traer flores a casa.
Perdonadme, heridas abiertas, por pincharme en el dedo.
Que me disculpen los que claman desde el abismo el disco de un minué.
Que me disculpe la gente en las estaciones por el sueño a las cinco de la mañana.
Perdóname, esperanza acosada, por reírme a veces.
Perdonadme, desiertos, por no correr con una cuchara de agua.
Y tú, gavilán, hace años el mismo, en esta misma jaula,
inmóvil mirando fijamente el mismo punto siempre,
absuélveme, aunque fueras un ave disecada.
Que me disculpe el árbol talado por las cuatro patas de la mesa.
Que me disculpen las grandes preguntas por las pequeñas respuestas.
Verdad, no me prestes demasiada atención.
Solemnidad, sé magnánima conmigo.
Soporta, misterio de la existencia, que arranque hilos de tu cola.
No me acuses, alma, de poseerte pocas veces.
Que me perdone todo por no poder estar en todas partes.
Que me perdonen todos por no saber ser cada uno de ellos, cada una de ellas.
Sé que mientras viva nada me justifica
porque yo misma me lo impido.
Habla, no me tomes a mal que tome prestadas palabras patéticas
y que me esfuerce después para que parezcan ligeras.
Waslawa Szymborska
viernes, 26 de marzo de 2010
Las mujeres que amamos demasiado

Toda mi vida he visto con malos ojos los libros de autoayuda, intenté leer Mis zonas erróneas hace años porque mi prima me lo recomendó pero simplemente no pude pasar de la segunda hoja y también he desdeñado siempre aquellos libros supuestamente literarios que no son más que libros de autoayuda camuflados, como muchos de un famoso escritor brasilero. Con el tiempo no sé si me he vuelto menos estricta o más abierta y puedo reconocer distintos tipos de enseñanza en casi todos los textos con algún fin loable. También he aprendido que los libros a veces le llegan a uno en el momento inadecuado y que hay que tener la lucidez para abandonarlos y retomarlos cuando es debido, aunque el azar casi siempre juega a nuestro favor y nos llegan por lo general cuando es su momento, no podría decir que demasiado tarde porque mientras haya vida que vivir siempre se puede mejorar no para cambiar el pasado sino para afrontar el futuro con calidad y alegría.
Así que he acabado de leer Las mujeres que aman demasiado de Robin Norwood el cual compré pensando en una amiga muy querida, la cual me lo prestó. Mucho de su contenido de verdad que me ha descubierto zonas oscuras, nebulosas de mis sentimientos y me ha permitido la posibilidad de entender y ver aquello que me había pasado desapercibido. "Cuando estar enamorada significa sufrir, estamos amando demasiado", esa es la primera idea clave que hay que entender, que el amor no es, no tiene por qué ser un sufrimiento y si lo es, es que algo anda mal. Norwood desarrolla el tema como una adicción, en mayor o menor medida, y considera que su tratamiento merece la misma atención, profundidad y apoyo que la adicción a una sustacia. Si bien el inicio, su claridad y precisión, me gustó mucho, luego desarrolla varios casos no todos interesantes que además se vuelven algo repetitivos, de modo que ya al final me parece que promete más de lo que cumple y que su análisis está demasiado atravesado por directrices de raza y clase que no siempre se aplican o se pueden aplicar a nuestra realidad, lo que no quita las enseñanzas que nos puede dejar.
En resumen, ni la obsesión, ni el dolor son sinónimo de amor. Las mujeres que aman demasiado cumplen un patrón bastante similar, que surge de no haber recibido en la niñez el afecto, el apoyo y la seguridad que toda niña necesita. Las relaciones con hombres errados es por un lado una proyección de sus miedos infantiles que esperan resolver en el presente, por otro la continuación de un patrón en el que lo "normal" es la inseguridad, el dolor, la dependencia enfermiza. Cuesta mucho trabajo cambiar este patrón, especialmente porque la niñez marca una ruta, traza un camino por el cual caminarán todos nuestros afectos posteriores, es así que crear nuevos senderos se hace una tarea ardua, larga y compleja, pero no imposible. Los hombres también tienen su cuota de responsabilidad en esto, aquellos que se juntan con mujeres que aman demasiado es porque ellos también tienen una carga personal que evaluar. En algunos casos de los expuestos en el libro, ambos han hecho procesos de terapia y luego han logrado retomar una relación ya en otros términos, pero el trabajo personal es ineludible para los dos. Como parte de la recuperación ocurrirá que luego podremos entablar relación con hombres (mujeres) adecuados que nos parecerán "aburridos", esto porque nunca la adrenalinda de la inseguridad o de la conquista va a compararse a la de una relación sana y saludable, de ahí que sea necesario aprender a amar lo que nos hace bien, lo cual pasa en primer lugar por amarnos nosotras mismas. Es mucho más lo que podría decir, sólo les recomiendo el libro y les dejo con unas pequeñas ideas fuerza:
"Nuestra cultura otorga un visto romántico al sufrimiento por amor y a la adicción a una relación (...), estamos rodeados por innumerables ejemplos de relaciones inmaduras e insatisfechas que se ven glorificadas y ensalzadas. Una y otra vez esos modelos implican que la profundidad del amor se puede medir por el dolor que causa y que aquellos que sufren de verdad aman de verdad".
"Hay una regla empírica que dice así: cuanto más difícil es poner fin a una relación que es mala para nosotras, más elementos de nuestra lucha infantil contiene. Cuando amamos demasiado es porque tratamos de vencer los viejos miedos, enojos, frustraciones y dolores de la niñez, y darse por vencido es renunciar a una valiosísima oportunidad: de encontrar alivio y de rectificar lo que hemos hecho mal".
"La verdadera aceptación de un individuo tal como es, sin tratar de cambiarlo mediante el aliento, la manipulación o la coacción es una forma muy elevada del amor y, para la mayoría de nosotros, resulta muy difícil de practicar. En el fondo de todos nuestros esfuerzos para cambiar a alguien hay un motivo básicamente egoísta, una creencia de que a través de ese cambio seremos felices. No hay nada de malo en desear ser felices, pero colocar la fuente de esa felicidad fuera de nosotros mismos en las manos de otras personas significa que evitamos nuestra capacidad, nuestra responsabilidad de modificar nuestra propia vida para bien".
No creo que el libro se agote en sí mismo, sin duda se debe complementar con un trabajo de terapia, yo que he estado ya un tiempo en ese proceso debo decir que igualmente me ha hecho bien la lectura y que ambas cosas se han enriquecido mutuamente. Se trata de un trabajo en el que sigo inmersa, el trabajo personal, interior de comprenderme mejor y poder llevarme mejor con el mundo, por supuesto también el de aprender a amar bien a quienes me rodean.
El deporte

Hace diez años que vamos al gimnasio mi mamá y yo, a dos cuadras de casa. Aunque en realidad mi background deportivo es muy antiguo, desde niña en la ACJ-YMCA en Pueblo Libre donde aprendí a nadar pero también practiqué básket, vóley y otros. El gimnasio inició siendo el Planet Fitness y era excelente, sobre todo me gustaban los aeróbicos y el spinning pues las máquinas de pesas nunca me han entusiasmado mucho aunque debo reconocer que son las únicas que alteran medidas, el resto sólo mantiene tonificación y peso o te ayuda a bajar un poco de grasa. Las profesoras eran buenísimas, en spinning: Diana, Pilar, Georgina, en aeróbicos el Pollo, Karen, también hacíamos baile y el Pollo hacía coreografías bien chéveres para cada canción. Pero el gimnasio cerró porque por un problema técnico una máquina de cardio descargó electricidad y un joven murió de un paro cardiaco. Al parecer hubo negligencia de parte del gimnasio, de defensa civil y de la municipalidad que habían hecho su inspección justo una semana antes. Así que la cadena Energym compró el local y lo hizo su sucursal. Aunque nunca tuvo la misma calidad de todos modos hubieron buenos profes de spinning: Christian, Marco, Israel, más recientemente Bruno, José, Ana Paula. Ofrecieron otros cursos como yoga y ritmo negro que estuvieron muy bien un tiempo. Todo esto bajo la dirección siempre cálida de César. También han hecho eventos por el día de la madre, por el día de la canción criolla que hemos disfrutado. Sin embargo, el gimnasio vuelve a cerrar sus puertas debido a que el local donde está que pertenece al Marina Park va a ser demolido para construirse ahí un hotel casino cinco estrellas, se supone que cerca al aeropuerto no hay otro en la ruta. A mí no me parece el gran negocio, pero el asunto es que no puede seguir el gimnasio. Tenemos que resolver si nos vamos a las sucursales más cercanas o cambiamos de gimnasio. El asunto es que hoy fui con mucha tristeza a mi última clase después de diez años de ir regularmente, un nuevo ciclo que se cierra y otro que se abre.
Recientemente me he dedicado mucho al spinning y quiero recomendárselos porque puede llegar a ser una experiencia muy liberadora, ayuda a sacar tensiones (sexuales), a relajarte, a sudar como chancho, quemar calorías y ejercitar músculos. El secreto es que debes aprender a mantener fijo el cuerpo de la cintura para arriba y más bien movilizar de la cintura para abajo, pero sin estar tenso, con soltura. Cuando uno agarra ritmo y maña es como que la bicicleta estacionaria se desprende y uno recorre realmente playas y montañas. Y cuando sabes controlar tu cuerpo vas sintiendo también el trabajo en músculos, piernas, glúteos, abdomen, pantorrillas. De verdad que a mí me hace mucho bien, incluso en épocas de gran depresión y conflicto interior llegar temprano y hacer ejercicio al ritmo de la música ha sido siempre un aliciente para iniciar un nuevo día. Cuando ya no puedes más, una canción que te toca te hace seguir.
Misa de honras

Recién ahora cobra dimensión para mí la presencia de personas cercanas o amigas o conocidos en los velorios, los entierros, las misas, antes lo consideraba una simple formalidad que sólo tenía una función social pero puedo entender que es más que eso, la presencia genera una energía, una solidaridad que realmente reconforta cuando uno ha tenido una pérdida, legitima el duelo y te ayuda a superarlo. Incluso cuando ha habido lejanía y conflicto, todo parece tomar otro matiz. Es lo que he sentido ahora en la misa de mi abuelito y en todo este tiempo desde su partida y realmente me ha hecho bien la mano amiga, la palabra, el sentimiento común. No sé si porque quizá antes era demasiado pequeña para darme cuenta o porque no se había ido nadie tan cercano, alguien como mi abuelo con quien tengo una vida de estar cerca, una larga suma de recuerdos. Tomaré sin duda ahora más en serio el confort que yo también puedo proporcionar a los demás con mi presencia en tristes ocasiones de duelo.
Mi primo Alexis tocó el violonchelo en la misa y estuvo mi tío Carlos presente, quien no pudo estar para el entierro, además de varias otras personas más acompañándonos. Se hizo en la capilla del convento San Antonio de Padua pero muchas personas se confunden y se van a la iglesia, también ocurrió así en el velorio de mi tía Flora. De modo que mi abuelito tuve dobles predicaciones. Por otro lado no es que quisiéramos hacer la misa en el sentido de que casi ninguno de nosotros es católico (especialmente cuando luego de pagar vimos un cartel del día por el "no nacido") pero nos parecía necesario que haya una ceremonia conjunta. En realidad hay pocas alternativas a este rito, ya luego se me ocurrió que una posibilidad sería hacer una meditación al estilo del raja yoga, como se hace en Brahma Kumaris, que es una forma también de mandar energías al alma y comunicarse con el universo.
Nuevamente el estar juntos es una manera de mantener viva la imagen y el recuerdo de mi abuelo de quien ayer fue su cumpleaños. Aquí, una foto en el parque cuando todavía podía caminar. Mi abuelo nunca miraba a la cámara siempre salía viendo hacia otro lado. Seguro que el duelo continúa en cada quien y su presencia se mantiene en cada corazón.
martes, 23 de marzo de 2010
Padezco un deseo

"En mí encuentro el infinito.
La prisión son los otros, el mundo, la sociedad"
Liane de Pougy a Natalie Clifford Barney
Padezco un deseo y todo se derrumba.
Nada aligera mis pies, el aire es de plomo.
Las olas estrellándose en los arrecifes
no logran aplacar esta herida, esta
húmeda desventaja.
El tiempo devora mi cuerpo
materia a la que me aferro, aquí
sentada.
La bruma envuelve el horizonte.
Una muchacha bate las alas de su bicicleta
bañistas caen de sus tablas.
Nadie
percata que en el aire
en las olas
en el fatigado vuelo de los pájaros
algo se derrumba otra vez.
En mí encuentro la paz, el infierno son los otros.
Sí, Liane, yo también padezco un deseo
y espero en mi cama
envuelta en mi dolorosa materialidad.
El infierno es el catre, la almohada,
un papel.
Texto: Doris Moromisato. Diario de una mujer es ponja.
Pintura: Zhang Jie
lunes, 22 de marzo de 2010
Antaño

El viernes recogí los recuerditos para la misa de mi abuelito en el centro. El sábado fue un día muy agitado y agotador, tuvimos 29°C, así que era un horno la custer y caminar por la ciudad. En la mañana fui a mi clase de spinning, de ahí a una feria de productos ecológicos en Chucuito (nos perdimos un poquito pero llegamos). Estaba frente al mar de La Punta y se veía muy bonito y tranquilo. Almorcé con mi papá y de ahí fui a comprar el regalo para Rafael, el futuro bebé de Alejandra. Me encontré con Luz y llegamos al babyshower. Fue una sorpresa no ver a nadie del colegio, luego llegaron Amanda, Lucía y Nadia, esta última acababa de aterrizar de Mallorca. Fue un bonito reencuentro, todas nos vemos iguales, aunque quizá sea porque envejecemos al mismo tiempo, como dijo Nadia. Me dio mucho gusto ver a mis compañeras de colegio después de uff años. Con Luz luego salimos por una cervecita al bar Havana y nos fuimos a casa temprano. El domingo estuve tirada de panza leyendo Las mujeres que aman demasiado que me parece dice cosas muy lúcidas y luego fui al festival de cine argertino que están haciendo en el ccpucp, de Darín, vi una película policiaca de detectives que él mismo dirigió y se llama La señal. En la foto, Luz y yo antaño cuando estábamos en secundaria.
viernes, 19 de marzo de 2010
La ceremonia
Ayer fue la ceremonia de premiación en el Centro Cultural de España. Al final estuvieron sólo Diana Miloslavich de Flora Tristán y May Rivas del CC España. Doris Moromisato no pudo llegar, era también parte del jurado. Por cierto que han remodelado todo el CC España, pero el auditorio me gustaba más antes, aunque hay otras áreas que sí han quedado bastante bien. Me gustó que hubo gente de distintas partes muy interesada en el tema, incluso personas que estaban ahí de casualidad, que habían ido por otras actividades y se quedaron y me dijeron que les gustó mucho el texto que leí sobre Nelly Fonseca e hicieron varias preguntas. Eso me dio alegría porque la mayoría de personas más cercanas y queridas no podían estar presentes, al menos en carne y hueso, sí en espíritu. Diana además prometió que todas las personas que estaban presentes recibirían un libro gratis, así que se anotaron para recibir el libro. Me parecía un práctica muy parecida a la de los candidatos electorales, pero buena iniciativa para seguir difundiendo la obra de Nelly Fonseca. Todavía falta la publicación del ensayo y su presentación para redondear este capítulo. Después nos fuimos a tomar un cafecito al Rovegno con quienes sí pudieron llegar y acompañarme, así que fue una linda velada.
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