sábado, 20 de febrero de 2010

Soy la dueña de mi alma



Esta semana ha sido mejor que la anterior, al menos han sucedido varias cosas que me han alegrado mucho. Primero que me reuní con Rocío y le gustó mi propuesta de sílabo, estaba insegura al respecto pero ya me dijo que podía seguir adelante con la idea. Segundo, pasé una tarde con mis primas y sobrinos y como son tan pocas las ocasiones que tenemos de compartir, realmente fue algo muy bonito. Además me invitaron a hacer una reseña sobre La teta asustada para una revista y finalmente me hicieron la entrevista en la radio. Estuve con Inés toda una linda tarde y luego fui al cine a ver Invictus que me gustó mucho, es cierto que se le escapa eso de "Estados Unidos vengan a invertir en nosotros", pero la historia te atrapa, apesar de su sencilles moviliza muchos sentimientos básicos de unión, fraternidad, esperanza. Yo que soy una casi completa ignorante sobre la historia de África (o sin el casi), realmente aprendí cosas con la película. Lo más bonito son al menos dos enseñanzas de Mandela, aquella de cómo una persona que ha estado encarcelada por casi treinta años sale con la capacidad de perdonar a quienes le hicieron eso y luego el poema que se repite varias veces, que es de Willim Ernest Henley:


Más allá de la noche que me cubre
negra como el abismo insondable,
doy gracias a los dioses que pudieran existir
por mi alma invicta.
En las azarosas garras de las circunstancias
nunca me he lamentado ni he pestañeado.
Sometido a los golpes del destino
mi cabeza está ensangrentada, pero erguida.
Más allá de este lugar de cólera y lágrimas
donde yace el Horror de la Sombra,
la amenaza de los años
me encuentra, y me encontrará, sin miedo.
No importa cuán estrecho sea el portal,
cuán cargada de castigos la sentencia,
soy el amo de mi destino,
soy el capitán de mi alma.

jueves, 18 de febrero de 2010

Yo vendo unos ojos negros


Es muy posible que muy pocas personas conozcan a la escritora ecuatoriana Alicia Yáñez, yo no la conocía hasta que estuve en Quito el año pasado para el congreso de la AILCFH. Y eso que creo conocer a varias escritoras dado que las busco y las persigo, como parte de una apuesta personal y académica de recuperación de voces de artistas que puedan enriquecer mi visión del mundo y poner en cuestión la visión hegemónica masculina (y muchas veces también machista). Me sorprendió sobre todo la cantidad de obras que tenía publicadas, al rededor de veinte, que yo desconocía. También me sorprendió el hecho de que una mujer que pudo empezar su carrera como escritora sólo hasta que murió su marido y sus hijos fueron adultos, echara leña al fuego contra las feministas por supuestamente atacan lo más esencial de la mujer que es el ser madre. Ni las feministas lo atacan ni creo que sea lo más esencial de la mujer. Me pareció terrible que una mujer que había padecido en carne propia el sacrificio de una vocación íntima por una vocación social no fuera capaz de visibilizar esa diferencia cultural. Lo loable es que más allá de los años se aventuró en la escritura con éxito llegando a ser actualmente la mejor escritora ecuatoriana y además la receptora de una beca del Estado que financia su actividad artística, algo que muchos matarían por tener pero que es impensable en un país como el Perú que le da tan poca importancia a sus artistas y que considera la cultura la última rueda del coche. Todo eso era mi opinión hasta que leí su libro. El libro que leí se llama Yo vendo unos ojos negros y fue un sufrimiento terrible, realmente, como me pasó también con El padre de Blancanieves, con la salvedad de que en Gopegui la trama ya la reflexión filosófica aminoró la mala prosa. En este caso no fue así, me parece que el libro está lleno de lugares comunes, de frases hechas, de un esencialismo peligroso y de un cuestionamiento precario de la realidad de la mujer y su situación subordinada que no puede escapar de una visión religiosa y moralista de la misma. Realmente me sentí bastante decepcionada con el libro, quizá haya otros más logrados, pero en este el tono de clase de escuela implica un lector y una lectora demasiado cándido e inocente, mismo que yo no soy. Pienso que quienes puedan compartir esta misma opinión contraatacarán contra las mujeres, pero la falta de calidad literaria no es monopolio de nadie, felizmente. Sin embargo, sin duda políticamente hablando, las mujeres seguimos en el ojo de la tormenta y un error, cualquiera, es simpre un argumento en contra de la libertad, de la capacidad creativa y de la igualdad social por la que se lucha. Me reafirmo en la necesidad de que las mujeres escriban y puedan acceder a ella de manera democrática y real, no avalo cualquier estética por estar escrita por una mujer, sino la posibilidad de cometer errores, rectificarse y mejorar como cualquiera; posibilidad que negando su escritura, tachando su historia, borrándolas de la memoria, es nula. Y sigue siendo lo más difícil encontrar ese punto medio, que no sea ni favoritismo ni desventaja, ni sobreestimación ni subestimación, ni todo lo malo ni todo lo bueno, ni la norma que se cumple ni la excepción a la regla, ni el olvido ni la imposición forzada, ni el grio ni el silencio, sino ese justo punto medio en el que podemos ser y existir en comunidad y en paz.

domingo, 14 de febrero de 2010

Históricos encuentros




Estando repartidas por el mundo, entre Canadá, Alemania y México, nietas y bisnietos, casualmente este mes de febrero coincidieron en Lima la mayor parte de la familia Huamán, así que hicimos no poco escándalo tratando de tomar la foto más esperada por todas las revistas de moda del mundo entero. Lo más difícil fue poner en la misma toma, en el mismo momento y lugar a todas y todos los presentes, que después de varios flashes se dispersaron más rápido que inmediatamente así que quién sabe si se presente una nueva ocasión. El autor, mi tío Pepe que no quiso salir en la foto. Y también la familia Andía se vio unida por mi abuelito, todos los nietos presentes, apesar de estar repartidos por el mundo, entre México, Estados Unidos e Iquitos, ahora en Lima.

viernes, 12 de febrero de 2010

La sunat y Kafka


Hago mi declaración anual y me sale un saldo a favor para devolución, así que pido la devolución, te avisan por correo sunat si te aceptan. Yo estuve los primeros días viendo a cada rato el mail, después al mes quise entrar y justo la plataforma estaba fallando, entonces lo olvidé y al entrar este año me habían aceptado la devolución pero cuando quiero hacerla efectivo me dicen que ya había caducado. Así que consulto por teléfono y hay que llenar el formulario 4949 personalmente en una agencia. Voy al Callao, que dicho sea de paso se ve muy ordenado y limpio, entonces pido orientación de cómo llenar el formulario, pero además había que adjuntar una carta pidiendo la emisión del cheque nuevamente. Entonces me voy y regreso al día siguiente, se supone que todo estaba ya sólo para entregar. Vuelvo a pasar a orientación para que lo revisen, le dan el visto bueno, me acerco a la ventanilla para entregar y el muchacho se demoraba, consultaba al de al lado, al de más allá, al superior y así poco a poco toda la sucursal del callao estuvo ahí revisando y checando el expediente, me mandaron sentar y yo veía cómo pasaban los minutos y las horas y nada, se amontonaban, ponían caras de preocupación, nadie entendía nada. Hasta que al final vienen a decirme que hay un error en el sistema, entonces que vuelva más tarde o que me van a llamar. Parecía realmente que ese formulario nunca se había utilizado ni visto en esa oficina. Regreso en la tarde y ya se había solucionado el problema que parecía electrónico pues cuando reviso el formulario estaba llenado exactamente igual, con sólo un cambio que el chico en ventanilla intentó pero no logró que le aceptara la máquina. En fin, nuevamente tengo que esperar el mail, tendré que checarlo diario, para no volver al mundo kafkiano.

lunes, 8 de febrero de 2010

Querido abue


Mi abuelo Pedro, era casi el menor de seis hermanos: Jesús, Leonor, Santiago, José, Roberto, todos los cuales ya lo habían dejado solo. Aunque desde que era joven y fuerte a sus sesenta años, se consideraba viejo y decía que se iba, recién hoy en la madrugada nos dejó. Podría contar tantas cosas de mi abuelo, porque he compartido con él muchos años, sobre todo en mi niñez cuando íbamos de la mano para todas partes juntos, obligados porque yo era su única nieta y mis papás trabajaban ambos. Sé que nos hemos querido y nos hemos acompañado el tiempo que nos ha tocado y que donde esté seguiremos queriéndonos y estando juntos. Quiero recordarlo ahora cantando su vals favorito "Alma, corazón y vida, esas tres cositas nada más te doy", haciendo sus crucigramas y soñando con un día ser millonario, porque decía que ser viejo y pobre era lo peor. Pero mi abuelo no era pobre, ni era viejo, lo que sí, era melancólico y creo que esa melancolía fue lo que lo terminó consumiendo y lo llevó al abandono. Ya había dejado casi la completa potestad de su cuerpo a las personas que lo cuidaban, hablaba poco y casi no se le entendía, pero sé que el viernes que fue el último día que comimos juntos con lucidez me reconoció y estuvo ahí sabiendo que estábamos con él. Esto porque desde un tiempo hasta acá hacía un tratamiento naturista para controlar su parkinson que ya nos lo hubiera arrebatado hace al menos un año, en que no podía caminar y no reconocía a nadie. Quizá un dolor tan grande como el de hoy fue aquel de verlo voltearme la cara sin saber quién era yo, ¡su nieta querida! Tuve la dicha de publicarle sus cuentos, en los que narra las anécdotas de su tierra y también tengo la de poder estar hoy aquí acompañándolo en su último paso por los parajes de su vida. Seguro eligió este momento porque todos sus nietos están aquí ahora, casualmente. No he tenido miedo más grande en estos años que he estado fuera del Perú como el de se fuera sin yo poder estar a su lado. Te quiero mucho abue, gracias por todo lo que nos has dado, por tu presencia que sigue en nuestros corazones.

domingo, 7 de febrero de 2010

El amor: la dictadura y el dolor


He leído Niña errante, las cartas que le escribió Gabriela Mistral a Doris Dana, su pareja y acompañante personal en los últimos años de su vida. ¿Por qué nos llegan los libros en un momento de la vida y no en otro, por qué optamos por leerlos ahora y no antes, no después? Son ese tipo de cosas las que me hacen creer que el azar es una fuerza más poderosa y más sabia que la casualidad, la sin razón, la mera coincidencia. Lo primero que me dije a mí misma, fue, ¡cómo me parezco a Gabriela Mistral!, o simplemente a cualquier ser enamorado, apasionado para quien el otro es el aire, el todo. Primero me hizo confiar en el amor, en la posibilidad de que un encuentro, por más breve y esporádico, puede insuflar un amor profundo e intenso y la lucha que hay que darle para que sobreviva, pues Gabriela, a pesar de la esquiva personalidad de Doris, a pesar de sus largos silencios, ¡esos silencios!, persiste, insiste, consigue. Pero también me hizo sentir parte de ese infinito dolor, el de la ausencia, la lejanía, la incertidumbre, el vacío, alimentado por el silencio, por un diálogo que nunca se concreta, por la sensación de estarse escribiendo cartas a sí misma. Gabriela llena ese vacío con su inseguridad, con el miedo a perder a su amor y esa combinación la lleva a la desolación, a la infinita tristeza que sólo en parte se ve recompensada por una relación que a pesar de todo se mantuvo en el tiempo, que la hizo feliz. Sí, la hizo feliz, sin duda, a costa de bastante sufrimiento. Cuántas veces se hizo fuerte y simuló una ruptura, un punto final, con el único propósito de generar una reacción y ante la persistencia del silencio, ella cedió, porque su corazón seguía palpitando. Esta inseguridad que le genera la errante Doris, hace de Gabriela una pequeña dictadora, al exigir, diez líneas cada ocho días, como cuota mínima para su afecto, para su adicción, su pasión, su vida. "Yo necesito de tu presencia de una manera violenta, como del aire. Parece que estuviese viviendo una asfixia. Es eso exactamente"(117). Ha sido un reencuentro con mis propias obsesiones, una suerte de desdoblamiento que me ayuda a comprenderme mejor y espero también a ser mejor.
Aunque repetitivas por las obsesiones que se reiteran: el dinero, sus casas, los asuntos de salud, de su servicio consular, del servicio doméstico, los viajes, su desconfianza en la gente, su delirio de ser siempre espiada; nos muestra íntimamente a Gabriela Mistral en la plenitud del sentimiento amatorio, su dictadura y su dolor. "¿Por qué tú, niña errante, te haces querer tanto? Es malo para quien te quiere y para ti resulta fastidioso"(288).

miércoles, 27 de enero de 2010

Un premio


Un poquito antes de iniciar el año me enteré de que había ganado el premio de ensayo Nelly Fonseca, lo cual vislumbró un inicio con el pie derecho. Como puse en una nota del 26 de agosto, Nelly Fonseca es una poeta peruana de la cual me llamó la atención en primer lugar su travestismo, también conocida como Carlos Fonseca, ambas personalidades se han inmortalizado en fotografías que muestran aquella dualidad. Mi participación en el concurso fue por lo demás pura casualidad, puesto que la convocatoria se hizo cuando yo estaba en México a inicios del 2009 y aunque busqué información allá no encontré nada que me permitiera saber más de la autora. Cuando regresé a Lima en agosto me enteré de que se había postergado la fecha de presentación de textos y entonces me animé a mandar mi contribución. Hace una semana se comunicó conmigo May Rivas y pudimos coordinar algunos aspectos de la premiación, que será el 18 de marzo a las 7:30pm en el CC España, en la cual yo leeré un texto, parte del resumen del ensayo ganador, parte de nuevos aportes y reflexiones. La edición del ensayo se hará con Flora Tristán con quienes todavía no nos hemos puesto en contacto. En el CC España me hicieron fotografías, que sirvieron para algunas notas en el periódico que han circulado. La primera fue en La República el sábado 23 y la otra este 27 de enero en La Primera. Aquí va:


Estas notas me hacen dar cuenta de lo importante que son los premios, yo siempre he creído que la literatura más valiosa no pasa necesariamente por los galardones pero sin duda es un vehículo de difusión valioso. No estoy segura de querer entrar en el parnaso de la literatura peruana, como se anuncia, a no ser que sea para ponerlo en cuestión, para hacerlo más universal, más accesible, menos machista.

Me han llegado muchas felicitaciones y palabras de ánimo, así que agradezco infinitamente a mis amigas y amigos, presentes con estas manifestaciones de afecto. Seguiré informando sobre este evento.